Los aromas, efectivos para la erradicación de plagas forestales.

Foto: Wikipedia

Debajo de la superficie se alimentan a su antojo. Los insectos descortezadores son milimétricos escarabajos que infestan árboles y consumen los nutrientes de su huésped convirtiéndose en plagas forestales; sin embargo, una forma de hacer frente a esta invasión es a través de compuestos semioquímicos, como las feromonas, que son útiles para confundir y alejar a los insectos dañinos.

El doctor Guillermo Sánchez Martínez, investigador del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), trabaja en  una estrategia de manejo integral de estas plagas y es la validación de distintas formulaciones de compuestos semioquímicos adecuadas para el monitoreo o trampeo masivo de insectos descortezadores.

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Los compuestos semioquímicos son sustancias químicas que los seres vivos emiten como forma de comunicación. Estas “señales” pueden ser interpretadas entre especies para un fin particular, como buscar alimento o atraer pareja; sin embargo, también pueden emplearse para confundir a insectos y alejarlos de bosques y zonas de producción maderera.

La estrategia es usar semioquímicos, que no son insecticidas, debido a que no matan a los insectos, solo son aromas naturales que producen los seres vivos. A los insectos les son útiles para localizar árboles que van a atacar. Los semioquímicos son compuestos aromáticos que pueden atraer a los descortezadores a lugares específicos”.

El proyecto consiste en analizar distintas dosis de semioquímicos para alejar las plagas. Debido a que los insectos descortezadores se comportan diferente según el lugar se deben encontrar formulaciones específicas para cada región de México.

Pequeños pero letales

El proyecto de investigación se centra en estudiar las formulaciones de semioquímicos para dos especies de descortezadores: Dendroctonus mexicanus y Dendroctonus frontalis. Ambos insectos se caracterizan por su pequeño tamaño, que no suele superar los cinco milímetros, y por su agresividad con los bosques.

Se registra un total de cinco mil 639 hectáreas afectadas en México desde enero de 2015 hasta inicios de octubre a causa de estos escarabajos.

Los semioquímicos son utilizados para confundir a los insectos y que estos se dirijan hacia cierta posición, como una trampilla o un árbol enfermo. Sánchez Martínez asegura que los descortezadores cumplen funciones naturales al alimentarse de árboles; sin embargo, su descontrol puede convertirse en una plaga difícil de manejar.

Los descortezadores también pueden interpretar esos aromas como falsas alertas ante un árbol sano. Para este fin, afirma el investigador, se utilizan feromonas de antiagregación que alejan a los insectos, pues estos no atacan un árbol que perciben como enfermo. Por otra parte, las feromonas de agregación atraen a los escarabajos a trampas para capturarlos.

“Estos compuestos aromáticos atraen a los insectos a lugares donde podemos colocar trampas, ellos se guían con sus antenas detectando los aromas y caen en las trampas que colocamos en los bosques. También podemos usar los semioquímicos para confundirlos y dar la señal falsa de que el árbol ya ha sido atacado”.

Olores que alejan

Se realizaron dos experimentos en campo este año para medir la eficacia de esta estrategia. Estas pruebas se desarrollaron en Oaxaca y Durango, México, donde evaluaron estas tecnologías en un escenario natural, con distintas formulaciones para conocer cuál sería la más adecuada.

Sánchez Martínez agrega que en 2019 establecerán otros dos experimentos: uno en el Estado de México y otro en Chihuahua; en estos casos también se probarán variantes de las formulaciones de semioquímicos.

“Cuando se busca disminuir la población de un brote de descortezadores, podemos aplicar estas feromonas para atraer a los insectos a trampas, siempre y cuando el ataque esté en una etapa inicial, porque cuando el problema se presenta en una superficie muy amplia es difícil de detener”.

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Además, en esta iniciativa el trabajo también aborda la formulación de distintas dosis de acuerdo con ubicaciones geográficas específicas. El doctor señala que los insectos descortezadores atacan especies peculiares de cada zona, por ejemplo, menciona que en el Norte del país estas plagas pueden devorar árboles como el pino de Arizona (Pinus arizonica), pero sus hábitos alimenticios son diferentes en otros lugares donde no crecen esos pinos.

Ante la variedad de pinos que sirven como alimento para estas plagas, el trabajo del doctor Sánchez Martínez contempla elaborar un registro específico para cada zona según las especies de árboles que crezcan en la región, y así elaborar una fórmula exacta que pueda aplicarse con éxito.

Foto: Pablo Miranda. Una muestra de insectos invasores en el centro se aprecia una especie de descortezador de pino.

“Los compuestos de resina pueden variar un poco, por eso estamos tomando en cuenta esas diferencias. A nivel laboratorio hacemos análisis químicos para ver qué diferencias existen entre los compuestos de un pino de Chihuahua, Oaxaca o Durango; para cada especie hacemos análisis con esas muestras de resina y así conocemos los compuestos volátiles de cada pino, que son tomados en cuenta en cada formulación de semioquímicos”.

La investigación aún está en desarrollo y cuenta con el apoyo del Fondo Sectorial que impulsan en conjunto el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y la Comisión Nacional Forestal (Conafor).

Fuente: Conacyt.

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