Proyectos forestales y mercados de carbono

¿Qué es el cambio climático?

El planeta tierra ha sufrido durante los últimos dos siglos un aumento de la temperatura media y del nivel del mar y cambios en los patrones de lluvias y en las cubiertas de hielo permanente, efectos éstos que se atribuyen a un cambio climático global, llamado a veces también calentamiento global.

El cambio climático, según la comunidad científica, es producido por el aumento del efecto invernadero que producen varios tipos de gases de origen natural y antrópico llamados Gases de Efecto de Invernadero (GEI), de los cuales el más famoso es el dióxido de carbono.

Muchas de las actividades humanas tales como la industria, el transporte, la deforestación, y la generación de energía, entre otras, generan GEI y por lo tanto contribuyen al cambio climático. La comunidad científica mundial ha señalado que el cambio climático está producien­do daños globales en el ambiente, y en las comunidades vivas del planeta, afectando también la economía, la salud y la estabilidad de sociedades humanas.

¿Por qué personas o entidades en otros países podrían estar interesadas en que yo reduzca emisiones de GEI?

La atmósfera del planeta es una entidad altamente dinámica, constantemente en circulación a nivel planetario. Las emisiones de GEI constituyen por lo tanto un problema global al cual contribuyen todas las emisiones del planeta, sin importar su localización y fuente (ecosistemas naturales, industrias, cambios de uso de la tierra, etc.), y en consecuencia, de la misma manera, todas las actividades que contribuyan a reducir las emisiones de GEI, sin importar su origen, contribuyen a la mitigación del cambio climático. Para efectos del cambio climático, una reducción de emisiones lograda en Kenia es igual a la misma reducción lograda en Nueva York, Indonesia o Putumayo.

La comunidad internacional, inicialmente en el marco de las Naciones Unidas y pos­te­riormente mediante acciones a diferentes niveles, han creado mecanismos y mercados para contribuir a la mitigación del cambio climático, mediante reducciones de emi­sio­nes de GEI que pueden ocurrir en cualquier parte del mundo.

¿Qué son el Protocolo de Kioto y el MDL?

En el marco de las Naciones Unidas, el Mecanismo para un Desarrollo Limpio (MDL) es un sistema bajo el Protocolo de Kioto (PK) de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC), que permite a los y a las empresas con compromisos de reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero (los llamados Anexo 1) invertir en proyectos de generación de reducciones de emisiones de GEI en países en desarrollo como complemento a la reducción de emi­siones o captura de GEI que deben realizar en sus propios países. La inversión se realiza a través de la compra de Certificados de Reducción de Emisiones[1] (CERs), los cuales son emitidos por la Junta Directiva del MDL (JD-MDL) por las reducciones de emisiones certificadas que generan los proyectos del MDL. Para obtener dichas certificaciones, los proyectos deben aplicar modalidades, procedimientos y metodologías aprobadas por el MDL.

El MDL permite activi­dades de mitigación (reducción de emisiones) variadas, tales como mejoramiento de procesos industriales, transporte, reemplazo o mejora de la eficiencia de uso de com­bus­tibles fósiles, etc. Entre las actividades elegibles, está la reforestación, dado que al crecer, las plantaciones capturan carbono de la atmósfera (proveniente de moléculas de CO2, uno de los GEI) y lo almacenan en los tejidos vivos, constituyendo por lo tanto un sumidero de carbono o, de manera genérica, de GEI. En el marco de las actividades relacionadas con el cambio climático, los proyectos de reforestación se conocen como AR o A/R (del inglés “afforestation/reforestation”).

El Protocolo de Kioto en su forma actual estará vigente durante 2012 y, aunque en la última reunión de las Partes de la CMNUCC se negoció una prórroga del PK hasta 2015, para definir nuevas reglas a partir de 2020, la situación en relación con los proyectos futuros no es clara.

Dicen que el MDL se acabará en 2012… ¿Es eso cierto?, ¿No es ya demasiado tarde para los proyectos MDL?

El Protocolo de Kioto no expira en 2012. Lo que se termina para el MDL en 2012 es el primer período de cumplimiento; es decir, los países con compromiso de reducción de emisiones de GEI tienen unas metas fijadas que deberían ser cumplidas en 2012. Hasta el momento de la publicación de esta guía, sin embargo, no se han fijado metas futuras de reducción de emisiones para los países que han ratificado dicho protocolo. Los proyectos forestales que se diseñen y registren en el MDL seguirán siendo válidos, aunque la ausencia de metas para los países genera ciertamente un nivel alto de incertidumbre. Es posible, sin embargo, que un proyecto inicialmente registrado bajo el MDL pueda mudarse a otro estándar/registro de créditos y tener así acceso a otros mercados de carbono (ver pregunta siguiente).

¿Hay oportunidades para obtener créditos de carbono por fuera del MDL en proyectos de reforestación?

Aparte del MDL, existen varias iniciativas y estándares relacionados con proyectos de mitigación, las cuales se conocen con el nombre genérico de “Mercados voluntarios” (en contraposición al MDL, el cual representa un compromiso obligatorio firmado entre países pertenecientes a las Naciones Unidas). Sin embargo, algunos de estos mercados han surgido también por compromisos adquiridos por países individuales o por estados sub-nacionales a través de sus propias legislaciones.

Actualmente, el estándar más reconocido (aparte del MDL) es el Verified Carbon Standard(VCS), el cual, en el caso de los proyectos de reforesta­ción, sigue las mismas metodologías del MDL. El estándar CarbonFix también puede ser usado para proyectos de captura de carbono mediante reforestación. Hay otros estándares, pero no todos emiten créditos de carbono (por ejemplo, CCB, ver “¿Hay alguna relación entre los créditos de carbono y la certificación forestal?”).

¿Cuál es el área mínima necesaria para un proyecto A/R?

Dados los costos de desarrollo de un proyecto de carbono, en función de la complejidad del proyecto) y su naturaleza de largo plazo (desde 20 hasta 100 años, según el estándar y duración es­co­gida), son necesarias áreas relativamente grandes para hacerlas rentables. El área mínima depende de bastantes variables y circunstancias (localización, especies, tasas de crecimiento, documentación existente, subsidios o apoyos financieros, arreglos financieros, etc.), pero en términos generales debe medirse en miles de hectáreas. Sin embargo, bajo el estándar CarbonFix, se han logrado registrar proyectos de unos pocos cientos de hectáreas, debido a sus menores costos de desarrollo e implementación.

En el caso de un proyecto A/R, ¿puedo cosechar la madera que sembré, o el único beneficio serán los créditos de carbono?

Normalmente los créditos de carbono no son suficientes para pagar todos los costos de reforestar un área determinada así que un proyecto A/R necesita de fuentes de ingreso adicionales al carbono. La cosecha y uso de la madera son per­mitidos bajo ciertas reglas. De manera simplificada, en el caso de proyectos MDL, los créditos generados son temporales y se basan en las existencias actuales de madera en el bosque, mientras que bajo el VCS y otros estándares, una parte de los créditos obtenidos por el proyecto queda reservada como garantía de que las áreas cosechadas (o perdidas por alguna otra causa) serán nuevamente replantadas después de la cosecha, lo cual garantiza un beneficio permanente (o al menos de largo plazo) para la atmósfera al mantener una cobertura boscosa durante varias décadas.

¿Es necesario que todas las áreas a ser reforestadas sean contiguas o pueden existir varios núcleos?

Las áreas que conformarán un proyecto A/R pueden estar tan separadas como resulte razonable. Las restricciones sobre la dispersión de las áreas incluidas en un proyecto A/R no son de carácter regulatorio sino logísticas, administrativas y operativas. Es posible plantar y manejar cientos de áreas dispersas en varios departamentos, siempre y cuando la actividad sea rentable y manejable para los operadores del proyecto.

¿Cuáles especies se pueden usar en un proyecto A/R?, ¿Es posible plantar guadua, palma africana, frutales o arbustos?

En el caso de los proyectos A/R, el objetivo es establecer bosque en un área que al menos 10 años[2] antes del inicio de proyecto no era bosque. La definición estricta de lo que es bosque, para efectos de proyectos A/R, es dada por la AND (Autoridad Nacional Designada) del país en que se realizará el proyecto, o según definiciones ah-hoc establecidas por el estándar en cuestión. Las definiciones de bosque usuales se basan en determinar extensión, porcentaje de cobertura de copas y altura mínima de los árboles en estado adulto de que deberá tener cada porción de área que se desee incluir en el proyecto (por ejemplo, para Colombia la AND considera que un parche de bosque debe tener una extensión mínima de una hectárea, 30% de cobertura de copas y 5 m de altura mínima de los árboles adultos). También dicha autoridad define qué puede ser considerado árbol (por ejemplo en el caso de guadua, palmas, frutales o arbustos, éstos pueden ser empleados en Colombia en proyectos de carbono).

Aparte de las anteriores consideraciones, cualquier especie forestal y cualquier composición de bosque (desde monocultivos con especies introducidas como la teca o plantaciones mixtas de especies nativas) son susceptibles de ser consideradas para proyectos A/R, siempre y cuando no se trate de especies exóticas invasivas o genéticamente modificadas.

¿Qué es lo más importante para el diseño de un proyecto A/R de carbono?

Para poder registrar un proyecto A/R bajo un estándar y obtener créditos de carbono, es necesario que:

–       El proyecto sea adicional. Es decir, que no hubiera sido factible realizarlo sin el incentivo del carbono (por ejemplo, si es un proyecto no rentable, pero que con créditos de carbono se hace rentable).

–       El proyecto sea establecido en tierras elegibles. Las tierras elegibles son áreas que cumplen determinados requisitos impuestos por el estándar para garantizar que no se ha deforestado un área para luego reforestarla y reclamar créditos. Por ejemplo, para el VCS, es necesario demostrar que el área a reforestar no tenía bosques durante los 10 años anteriores al inicio del proyecto, o que el propietario actual no tuvo relación con las causas de la deforestación.

–     El proyecto use una metodología aprobada aplicable al caso del proyecto.

–     El proyecto consulte y tenga en cuenta las inquietudes y reservas de los involucrados/interesados (stakeholders consultation).

–       La reducción de emisiones obtenida con el proyecto sea superior a la que se habría obtenido sin la realización del mismo.

–       El proyecto cumple con los demás requisitos del respectivo estándar.

¿Sólo se permiten proyectos de reforestación, o son posibles otros proyectos relacionados con bosques?

Dependiendo del estándar o marco regulatorio, otros proyectos diferentes a la refo­res­tación pero también relacionados con bosques son posibles.

En años recientes, los proyectos de reducción de la deforestación para evitar que el carbo­no almacenado en los bosques se emita a la atmósfera han generado mucha discusión e inte­rés a nivel internacional. El tema es conocido como REDD(Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación = Reducing Emissions from Deforestation and forest Degradation). En marco de las Naciones Unidas se agregó además un + a la sigla (REDD+) para incluir el tema de conservación, manejo sostenible y aumento de exis­ten­cias de carbono. En este caso se permiten actividades que eviten o reduzcan la deforestación o que aumenten las existencias de carbono en los bosques, por ejemplo mejorando los sistemas de manejo, en cuyo caso se habla de IFM (Manejo Forestal Mejorado = Improved Forest Management).

El tema REDD+ está aún en discusión en la Convención Marco de las Na­ciones Unidas para el Cambio Climático y no se sabe todavía cuales serán las modalidades, los procedimientos y las metodologías que los países deberán seguir para realizar actividades REDD+, ni tampoco sobre la forma en que se financiarían estas actividades (si es vía mercados, como en el MDL, o vía fondos o ambos; si REDD+ involucrará com­pro­misos nacionales para los países en desarrollo; si las actividades se deben abordar exclusivamente a nivel de país, o si se per­mi­ti­rán enfoques anidados, don­de coexistan iniciativas a nivel nacional, sub-nacional y local). Sin embargo, aparte de las negociaciones de las Naciones Unidas, hay iniciativas privadas o reguladas por países o esta­dos y estándares para el diseño de este tipo de proyectos, el más conocido de los cua­les es también el VCS, estándar bajo el cual varias metodologías para diferentes ti­pos de proyectos REDD han sido ya aprobadas.

Otros proyectos forestales (es decir, que involucran alguna forma de definición de “bos­que”) en el marco de la mitigación del cambio climático son también posibles, ta­les como los sistemas agroforestales, los silvopasto­ri­les o los humedales. Normalmente este tipo de pro­yec­tos se asimilan a los proyectos de reforestación.

¿Cuál es el procedimiento general que debo seguir para obtener créditos de carbono en mi proyecto forestal?

Cada uno de los compromisos o iniciativas relacionadas con actividades de mitigación del cambio climático requiere la definición de un estándar (un conjunto de “reglas y procedimientos”) o un estándar y metodologías (conjunto de reglas y procedi­mien­tos específicos para determinados tipos de proyectos). No Las personas o entidades que deseen obtener créditos de carbono en alguno de estos mercados, deberán escoger el estándar deseado (por ejemplo, MDL, VCS o CarbonFix), llenar la documentación correspondiente, pasar por un proceso de validación (revisión de la documentación y de las condiciones específicas del están­dar), un proceso de registro (formalización de la aprobación del proyecto por parte del estándar), hacer monitoreo del proyecto (siguiendo procedimientos y reglas pre­via­mente definidos) y finalmente recibir una verificación (chequeo de los docu­men­tos de monitoreo y en campo), con lo cual pueden finalmente obtener los créditos de carbono. Es importante aclarar, sin embargo, que no todos los estándares tienen un sistema de registro y emisión de créditos de carbono.

¿Hay alguna relación entre los créditos de carbono y la certificación forestal?

Prácticamente no. La Certificación Forestal es un proceso voluntario de certificación por medio del cual las empresas pueden asegurar que los productos forestales pro­vie­nen de bosques manejados de manera social y ambientalmente adecuada y de manera sostenible. La Certificación Forestal no tiene relación con la generación de créditos de carbono y el proceso de documentación, validación, registro y monitoreo es totalmente independiente de los mercados de carbono. Si bien tener una Certificación Forestal puede ayudar de manera contextual en un proceso de validación y registro de un pro­yec­to de carbono, ninguna de la documentación redactada para la Certificación Fo­res­tal es aceptada para la validación y registro bajo estándares de carbono, excepto en el caso del estándar CarbonFix, el cual acepta como válida parte de la documentación de la Certificación Forestal para secciones específicas del estándar.

Aparte de la Certificación Forestal clásica (tal como la otorgada por el FSC o el PEFC), también existe el estándar CCB (Clima, Comunidad y Biodiversidad = Climate, Community and Biodiversity). Este estándar va más allá de certificar el desempeño de un proyecto en relación con los flujos de carbono y evalúa los impactos de dicho proyecto en relación con las comunidades y la biodiversidad. Algunos de los proyectos REDD recientes han optado también por aplicar este estándar (con su correspondiente costo), como un medio para garantizar los efectos positivos del proyecto en estas otras dos dimensiones; sin embargo, una certificación CCB, al igual que la certificación forestal, no se traduce en un beneficio económico directo (es decir, no se generan créditos o bonos ni se obtienen beneficios tributarios o premios de manera automática).

Hay un bosque con una extensión de ___  hectáreas… ¿es suficientemen­te grande para un proyecto REDD?

Bueno, depende. Lo importante no es la extensión del bosque, sino el ritmo al que se deforesta y se prevé que se va a deforestar en los próximos años. Si el bosque de un millón de hectáreas no ha sido deforestado y no hay un riesgo claro y demostrable de que se va a deforestar en los próximos años, entonces no hay mucho margen de acción para obtener créditos por su conservación. Para demostrar el riesgo de deforestación, será necesario ha­cer un estudio (normalmente conocido como “línea base”), en el cual se estima cuál se­ría la cantidad de bosque que se perdería en los años venideros si no se emprende una acción para evitarlo.

Aún si hay riesgo de deforestación, es importante considerar que no se recibirán cré­di­tos de carbono por el carbono almacenado en toda la extensión del bosque, sino por aquel que se logró evitar que se perdiera como resultado de las actividades de conser­va­ción realizada, mediante un proceso de monitoreo y verificación que se hace periódicamente sobre las áreas del proyecto.

En resumen, el potencial para el desarrollo de un proyecto REDD no se mide en términos de la extensión del bosque sino de la cantidad de hectáreas deforestadas anualmente y que podrían ser conservadas[3].

¿Cuán fácil o difícil es este proceso?

El proceso anteriormente descrito es relativamente largo y con complicaciones técni­cas. En algunos casos, los proyectos han requerido más de 5 años hasta estar de­bi­da­men­te registrados. Sin embargo, actualmente se cuenta con una mayor experiencia y los procedimientos están más claros para todas las partes. Sin embargo, es muy pro­ba­ble que el proceso completo tome no menos de dos años. En el caso de CarbonFix, es posible desarrollar y registrar los proyectos en períodos de tiempo menores, pero el costo que se debe pagar por la emisión de créditos es más alto y el precio esperado por los créditos de carbono será menor que en los otros casos.

¿Pueden asociarse varias personas o entidades para un proyecto?

Sí. No hay límite para el número de personas/instituciones, siempre y cuando logren una estructura de funcionamiento coherente y a la altura de los requerimientos. En aquellos casos en que una institución grande “cobija” a muchos participantes, prin­ci­pal­mente pequeños propietarios, se acostumbra hablar de proyectos sombrilla. Actualmente, los estándares de carbono proveen marcos regulatorios relativamente flexibles para la inclusión de diferentes participantes en el proyecto.

¿Cómo vendo mis créditos de carbono? ¿Cuál es su precio?

Esta es quizás la pregunta más formulada en relación con el tema del carbono, pero es a su vez una de las más difíciles de responder. Los créditos de carbono son uno más de los bienes generados por actividades humanas transables en mercado, sujeto como los demás a altas complejidades y fluctuaciones constantes. El precio de los créditos de carbono no es regulado, es decir, no hay un organismo o entidad que lo fije, sino que depende de las fuerzas del mercado.

El precio de un crédito de carbono depende también de numerosos elementos, entre ellos la capacidad negociadora de las partes involucradas, las circunstancias del momento (nacionales e internacionales), el estado de desarrollo del proyecto y el estándar de validación y verificación escogido.

En términos generales puede afirmarse que:

–     Los créditos obtenidos bajo estándares más rigurosos y demandados tienen a tener mejor precio.

–     Los créditos verificados y emitidos tienen mejor precios de los prometidos en una etapa temprana del proyecto.

–     Los créditos en mayor volumen, provenientes de proyectos de mayor escala son más fácilmente negociables que en volúmenes pequeños.

Finalmente, es importante señalar que los créditos de carbono forestales pueden ser pre-vendidos, incluso desde antes de que comience la implementación del proyecto, aunque naturalmente es de esperar que se logre un mejor precio de venta a medida que el proyecto avanza en el proceso de formulación, diseño, registro y ejecución.

Ahora están de moda los términos “neutralidad en carbono” y “compensación de emisiones”… ¿hay algún nicho ahí interesante para los proyectos forestales?

Bueno… es una larga historia. Quizás sí, pero hay que tener cuidado. Ambos términos han sido utilizados de manera laxa y más como mecanismos para montar negocios o hacer promesas políticas (“…en el año X nuestro país será neutral en carbono…”) que para mitigar el cambio climático.

En el caso de la “neutralidad en carbono” se trata de que determinadas actividades, productos o empresas logren un equilibrio entre las emisiones de GEI que resultan de su accionar y actividades de mitigación (las cuales pueden ser realizadas por terceros y compradas como servicio) adicionales (no necesariamente en el mismo lugar o debidas a la misma actividad o industria). Dicho de otra manera: “Acá ensucié yo la atmósfera, en otro lugar, otro en mi nombre limpió la atmósfera en igual cantidad y yo pagué este servicio”. En el caso de la “compensación de emisiones”, no se trata de que el balance final sea cero, sino de lograr una reducción que el público perciba como positiva.

En ambos casos, pero principalmente en el caso de la neutralidad, dos son los problemas fundamentales a resolver:

–     ¿Cómo se hacen los cálculos de las emisiones y de las reducciones y quién verifica que son correctos y que el balance es realmente “neutro”? En general esto no es un problema metodológico muy complicado, pero el tema se complica cuando se consideran las plantaciones forestales como mecanismo de compensación, principalmente porque las plantaciones forestales realizan una captura temporal del carbono, el cual se revierte a la atmósfera cuando los árboles mueren o son cosechados. En este caso, una tonelada de carbono capturada por un bosque no es equivalente a una tonelada de carbono emitida por mis actividades.

–     ¿Quién me garantiza que las compensaciones que compro a un tercero son reales y que los cálculos realizados son correctos? El asunto fundamental es que sobran los que ofrecen plantar árboles para mitigar mis acciones que emiten GEI, pero resulta difícil y costoso verificar que se cumple lo ofrecido.

Como recomendación general, si una persona, institución o empresa están interesados en compensar (o neutralizar) emisiones, es importante que las plantaciones forestales usadas para la compensación tengan un aval de un estándar reconocido internacionalmente que garantice el proyecto está debidamente diseñado, que las cantidades de emisiones evitadas han sido correctamente calculadas y que una misma reducción no es vendida a diferentes clientes (operación comúnmente llamada doble contabilidad de créditos). No hacerlo equivale a pagar por una publicidad falsa para la empresa, la cual en algún momento puede resultar negativa.

[1]Comúnmente llamados “Créditos de carbono” o en ocasiones “bonos de carbono”.

2O desde el 31 de diciembre del 1989 en el caso del MDL.

3Esta conclusión no es técnicamente completa, pues falta considerar la degradación del bosque y otros elementos, pero sirve para explicar el malentendido general sobre el tema.


Autor: Alvaro Vallejo Rendón


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *