Los lobos y su benefactora «ecología del miedo» para la biodiversidad

Liana Zanette, de la Universidad de Western, y el estudiante de doctorado Justin Suraci, en colaboración con Lawrence Dill, de la Universidad Simon Fraser y «Raincoast Conservation Fundation», en Canadá, publican este martes en «Nature Communications» un estudio en el que aseguran que el miedo que infunden leones, lobos y otros grandes carnívoros en el resto de los animales, incluyéndonos a lo seres humanos, puede tener efectos positivos para mantener la salud de los ecosistemas. Jorge echegaray es consultor ambiental y explica a ABC en qué consiste lo que se conoce como la «ecología del miedo», en el caso concreto de los lobos.

«Los lobos alteran directa o indirectamente el comportamiento de las especies con las que conviven, especialmente la de herbívoros (que pastan menos tiempo y lo hacen en grupos menores) y de sus competidores (mesodepredadores, como coyotes o zorros, a los que mata o desplaza), en lo que se conoce científicamente como ecología del miedo. Incluso se ha relacionado su papel ecológico como elemento reductor de la velocidad y afección de enfermedades contagiosas a la fauna, ya que limitan la presencia de animales enfermos y las probabilidades de contagio», asegura este experto.

Aliados de la vegetación

Mediante la depredación de ungulados silvestres, asegura Echegaray, «se reduce la presión herbívora sobre la vegetación, especialmente la flora riparia, lo cual indirectamente sirve para restaurar las comunidades biológicas forestales, especialmente en el entorno de las riberas. En Norteamérica se ha comprobado cómo la abundancia y diversidad de especies de aves es el doble en las zonas donde hay lobos que donde están ausentes».

No solo eso, además, «a través de las carroñas que generan, los lobos proveen de más recursos tróficos directamente a más de 20 especies de vertebrados superiores, incluidas algunas muy amenazadas, como osos pardos o buitres. Además, facilitan y mejoran la composición isotópica de los suelos, añadiendo con la carroña que generan de un 20 a un 500% más de nitrógeno, fósforo y potasio», asevera Echegaray.

Los lobos son especies clave para los ecosistemas porque, dice Echegaray, «promueven las interacciones entre especies, directa e indirectamente, lo cual redunda en una mejora sustancial de la biodiversidad, contribuyendo a su conservación, restauración y funcionalidad a largo plazo. En términos ecológicos estos efectos se conocen como cascadas tróficas». Por ello, Echegaray afirma que «los lobos, como todos los grandes carnívoros, no son cualquier especie, y no pueden ser gestionados arbitrariamente».

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