
¿Es posible cultivar la atmósfera de un espacio de la misma manera que se cuida un jardín? Lo que antes habitaba en los márgenes de la especulación científica es hoy una manifestación material de la síntesis biológica. La colección Cenit, fruto de la alianza entre el estudio de diseño Natural Urbano y la firma de biotecnología Polybion, representa un cambio de paradigma en el interiorismo contemporáneo y la hotelería de lujo. Al integrar materia viva en objetos de precisión arquitectónica, Cenit nos invita a habitar espacios donde la luz no solo se proyecta, sino que emana de una estructura con biografía propia.
De residuos de fruta a objetos de culto en el ciclo de la nanocelulosa
El núcleo de esta innovación es el Celium™, un biomaterial que redefine la opulencia a través de la regeneración. Lejos de la extracción de recursos finitos, Polybion implementa un sistema donde los residuos agroindustriales de la industria frutal se transforman en el medio de cultivo para bacterias específicas. A través de un proceso de fermentación meticulosamente controlado, estos microorganismos ensamblan, hoja por hoja, una red de nanocelulosa bacteriana. Este biopolímero natural no solo es un triunfo de la economía circular, sino que dota al objeto de una resiliencia y suavidad imposibles de replicar mediante procesos industriales tradicionales. En este ecosistema, el desperdicio se transmuta en una materia prima de alto valor estético, y según Alexis Gómez-Ortigoza, cofundador de Polybion, su labor se ha centrado en transformar esa capacidad biológica en una plataforma material consistente, demostrando que los residuos de fruta pueden ser el punto de partida para algo más brillante.
Lámpara Cenit
La sofisticación de Cenit no es fruto del azar, sino de una década de investigación y desarrollo dedicados a perfeccionar la nanocelulosa bacteriana como un material de grado industrial. Para esta colección, se seleccionó la variante Celium Manto, valorada por su flexibilidad y su excepcional capacidad para filtrar la luz. A diferencia de su predecesora, la lámpara Lapso, cuya estética escultural y fluida evocaba la forma de una medusa, Cenit apuesta por una pureza lineal y arquitectónica. La membrana biológica se integra en una columna vertebral técnica: el Celium Manto se sostiene mediante un marco de ocho capas de madera de fresno prensadas con precisión, complementado con detalles en acero inoxidable. Esta ingeniería garantiza que el biomaterial mantenga su integridad estructural mientras despliega su naturaleza orgánica.
Textura, degradado y calidez, la biografía de la luz
En el diseño post-humano, la estandarización cede su lugar a la singularidad biológica. En Cenit, las variaciones en densidad, tono y textura no se consideran defectos, sino rasgos de identidad únicos. Al encenderse, la luminaria revela la biografía del crecimiento bacteriano, convirtiendo cada pantalla en una pieza irrepetible. Al iluminarse, el material revela tres atributos sensoriales clave: degradados orgánicos de color que dependen de cómo se entrelazó la celulosa durante su cultivo; una textura tridimensional que conserva una presencia física rotunda, otorgando carácter al espacio incluso cuando la lámpara está apagada; y una calidez lumínica que suaviza los contornos y genera atmósferas envolventes, ideales para proyectos de hotelería que buscan una conexión emocional con el huésped.
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La intención estética de Sebastián Beltrán y Lorena Márquez, fundadores de Natural Urbano, fue capturar el cenit: ese instante donde el sol toca el horizonte y la luz se vuelve difusa, envolviéndolo todo en un matiz dorado. Esta visión se traduce en una geometría lineal inspirada en las composiciones de la década de 1970, logrando un equilibrio entre la nostalgia y la vanguardia biotecnológica. Para optimizar esta experiencia sensorial, la colección define temperaturas de color específicas según su tipología: las lámparas colgantes, con una temperatura de 3000 K, están diseñadas para bañar comedores y espacios de convivencia en una luz cálida y relajante; mientras que las lámparas de mesa utilizan una temperatura de 4000 K, proporcionando una claridad nítida ideal para superficies de trabajo o mesitas de noche.
Cuando la artesanía se cultiva, no se ensambla
Cenit desafía la inmediatez de la fabricación en masa proponiendo el lujo del tiempo. Estas piezas no se producen en una línea de montaje; se cultivan bajo pedido, en un proceso que dura aproximadamente cinco semanas. Este modelo de producción garantiza que cada objeto sea una respuesta directa a una demanda específica, eliminando el sobrestock y respetando los ciclos del ser vivo. La versatilidad de la nanocelulosa bacteriana ha sido probada incluso en la alta costura, demostrando que su manipulación es tan fiable como la de los materiales tradicionales, tal como lo experimentó Yunuen Hernández, directora creativa de la firma de moda Menos 117, al explorar las posibilidades del Celium en su colección The Bio-Archive, donde observó que su manipulación es, en realidad, muy similar a la de los materiales tradicionales, viendo este proceso como una parte natural del desarrollo de cualquier innovación textil.
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La colección Cenit es el testimonio de un futuro donde la biología se convierte en la herramienta definitiva del diseño. Representa una estética donde la tecnología no oculta a la naturaleza, sino que la potencia para crear objetos que parecen flotar en el espacio. Al integrar estas piezas en nuestro entorno, nos enfrentamos a una pregunta fundamental para el diseño del siglo XXI: ¿Estamos listos para aceptar que los objetos que habitan nuestra intimidad tengan un origen vivo, único y con su propia historia que contar? El futuro del lujo sostenible no solo se construye; se cultiva con paciencia y rigor científico, iluminando un horizonte donde la innovación y la naturaleza convergen en perfecta armonía.
La madera
Madera fresno










