
Caminar por la ciudad, cansados, y encontrar un banco de madera que, al sentarse, responde a su cuerpo con un suave movimiento ondulatorio. No es ciencia ficción, es realidad. Un equipo de paisajistas de la firma Boffa Miskell, integrado por Zak White, Jo Kearney y Alfred Chan, se alió con los fabricantes de Urban Effects para crear Wave. Se trata de un asiento interactivo diseñado con un objetivo claro: romper la monotonía urbana y hacer que la gente juegue, conecte y se detenga un momento.
El proyecto no pasó desapercibido. De hecho, quedó como finalista en el prestigioso concurso de diseño de asientos NZILA Nohonga Toru. La inspiración detrás de esta pieza viene de la cultura maorí, específicamente de Te Rakaunui (la luna llena) y el Maramataka (su calendario lunar). La idea era plasmar los ritmos de la naturaleza, como las mareas y las estaciones, en un objeto cotidiano. Para lograrlo, combinaron una ingeniosa estructura pivotante de acero con listones de madera Accoya de alta resistencia. El resultado es un asiento cuyas curvas suben y bajan, imitando los ciclos del planeta.
Pero Wave es mucho más que una bonita propuesta conceptual. Es una obra que invita a la acción. Al ser un banco cinético, necesita que alguien se siente para cobrar vida. Cuando las personas interactúan con él, el banco genera un balanceo que luego regresa a la calma. Es un recordatorio físico y táctil de nuestro impacto en el entorno. Además, los diseñadores cuidaron cada detalle visual. Usaron tintes de la marca Resene para pintar la madera con los colores del ciclo vital del pino: desde el verde del follaje y el marrón de la corteza, hasta los tonos de la madera recién cortada y el gris del desgaste por el tiempo. En los laterales, un acabado plateado juega a esconderse y mostrarse según la luz, evocando las fases lunares.
Por otro lado, llevar una idea tan poética a la calle exige soluciones técnicas impecables. El mobiliario público debe soportar el clima, el uso constante y, por supuesto, ser seguro. Wave cumple con todo. Su armazón es autoportante y el mecanismo que permite el balanceo utiliza cordones elásticos que controlan la oscilación para evitar accidentes. Las dimensiones son cómodas, los bordes están biselados y los espacios entre piezas son mínimos. Todo está pensado para que niños, jóvenes y ancianos disfruten la experiencia sin riesgos.
Además, el proceso de fabricación destaca por su inteligencia ecológica. Las piezas se cortaron con tecnología CNC y se estructuraron de forma modular. Cada listón se desliza sobre un eje central, lo que facilita un montaje rápido. Si una parte se daña, se cambia solo esa pieza y se recicla la anterior. Menos desperdicio, más vida útil.
Al final del día, este proyecto demuestra que el diseño urbano no tiene por qué ser frío ni estático. Wave funciona como una escultura interactiva que despierta la curiosidad de cualquiera que pase cerca. Une la ingeniería moderna con las tradiciones culturales y la calidez de la madera para recordarnos que, al igual que la luna y las mareas, nosotros también formamos parte del mismo ritmo.
Fuente: Boffa Miskell










