El sector agroalimentario y forestal mundial se enfrenta a partir de ahora a un triple reto como consecuencia de la necesidad de frenar el cambio climático y el incremento de las temperaturas: reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de la actividad agraria (uso de maquinaria, fertilizantes, pesticidas y los gases de los animales); potenciar su papel como sumidero de las emisiones globales procedentes de otros sectores a través de los cultivos y de los bosques y, por último, acometer las tareas anteriores cumpliendo con otra fundamental, la de producir alimentos en cantidad y calidad suficiente para abastecer a un número creciente de habitantes del planeta (se calcula que a lo largo de este siglo se incrementará en más de 2.000 millones de personas).
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