Bosques con sello FSC son refugios inesperados para los grandes mamíferos de África

Un estudio con 1,3 millones de fotos de cámaras trampa revela que las concesiones madereras certificadas albergan muchas más especies amenazadas que las no certificadas. La selva talada no está condenada a quedar vacía, pero solo si se gestiona bien.

La selva que no debería estar vacía

Hay una imagen que se repite en los bosques tropicales explotados de África central: senderos abiertos por la maquinaria, campamentos temporales, y un silencio extraño donde antes había gorilas, elefantes y antílopes. Durante décadas, la idea dominante ha sido que la tala comercial, por bien gestionada que esté, siempre acaba vaciando el bosque de su fauna más grande.

Sin embargo, un equipo internacional de investigadores acaba de publicar en Nature los resultados de uno de los estudios más ambiciosos jamás realizados sobre este tema. Durante tres años, instalaron 474 cámaras trampa en 14 concesiones madereras de Gabón y la República del Congo. Recogieron casi 1,3 millones de fotografías. Y lo que encontraron obliga a replantear algunas certezas.

Los bosques con certificación FSC (Forest Stewardship Council) no están vacíos. Están notablemente más llenos de vida que los que no la tienen.

Cómo se hizo el estudio

No fue sencillo. Los investigadores emparejaron siete concesiones certificadas con siete no certificadas, buscando que fueran lo más parecidas posible en terreno, tipo de bosque, altitud, distancia a carreteras, ríos y asentamientos humanos. Colocaron las cámaras en cuadrículas sistemáticas de un kilómetro de lado, con puntos de inicio aleatorios, durante dos o tres meses por concesión. Las cámaras funcionaron día y noche, resistiendo humedad, insectos y algún que otro encontronazo con animales curiosos.

En total, detectaron 55 especies de mamíferos. Desde musarañas hasta elefantes de bosque, pasando por gorilas occidentales de llanura, chimpancés, pangolines, duikers y una larga lista de roedores y carnívoros.

Lo que dijeron las imágenes

El resultado principal es contundente: la tasa de encuentro de mamíferos fue 1,5 veces mayor en las concesiones certificadas que en las no certificadas. Pero el dato más revelador apareció al analizar por tamaño corporal.

En los bosques sin certificación FSC, los animales grandes prácticamente desaparecen. Los mamíferos de más de 100 kilos fueron detectados 2,7 veces más en concesiones certificadas. Los de entre 30 y 100 kilos, 2,5 veces más. Y los de entre 10 y 30 kilos, 3,5 veces más.

Por debajo de los 10 kilos, en cambio, no había diferencias significativas entre ambos tipos de bosque. Ratones, ratas y musarañas campaban a sus anchas en los dos.

La conclusión es incómoda pero clara: los bosques no certificados no están vacíos, están desequilibrados. Han perdido a los grandes, y los pequeños han ocupado su lugar. Los investigadores lo llaman «compensación por densidad»: al desaparecer los depredadores y competidores, los roedores prosperan.

Los elefantes lo tienen claro

Si hay una especie que resume el hallazgo, esa es el elefante de bosque. Catalogado en peligro crítico de extinción, fue detectado 2,5 veces más en concesiones certificadas. Los gorilas occidentales de llanura, también en peligro crítico, aparecieron 1,8 veces más. Los primates en general, 1,8 veces más. Los carnívoros, 1,5 veces más.

¿Por qué? Porque los elefantes tienen enormes áreas de campeo que abarcan varias concesiones. Y parece que aprenden dónde están seguros. Evitan las zonas donde la caza furtiva campa a sus anchas y buscan refugio en lugares donde se aplican medidas de protección. Las concesiones FSC, con sus controles de acceso, prohibición del transporte de carne de monte y vigilancia con guardas, se convierten en islas relativamente seguras dentro de un mar de presión humana.

Los pangolines, en cambio, no mostraron diferencias entre tipos de bosque. Los investigadores sospechan que dos de las tres especies presentes son semiarborícolas y las cámaras terrestres no los captan bien. Queda trabajo por hacer ahí.

Más biomasa, más funciones ecológicas

La biomasa estimada de fauna fue 4,5 veces mayor en las concesiones certificadas. Los animales grandes son los que más contribuyen a esa cifra, y no es un detalle menor.

Los grandes mamíferos no son solo un adorno del bosque. Dispersan semillas, depredan sobre ellas, ramonean, pisotean, reciclan nutrientes y mantienen interacciones depredador-presa que llevan funcionando millones de años. Su desaparición tiene efectos en cascada. Se ha demostrado que los bosques con comunidades de grandes mamíferos intactas almacenan más carbono, porque los árboles de madera densa dependen de que alguien disperse sus semillas.

Y hay otro beneficio más directo para las personas: menos carne de monte disponible significa menos riesgo de transmisión de enfermedades zoonóticas.

Lea: Los bosques FSC almacenan más carbono dice la evidencia científica

Qué hace diferente a la certificación FSC

El estudio no puede aislar qué medida concreta del estándar FSC produce el efecto. No diseñaron el experimento para eso. Pero los datos apuntan en una dirección clara: el control de la caza.

Las carreteras de tala abren el bosque. Donde antes no llegaba nadie, ahora llegan camiones, trabajadores y cazadores. La caza insostenible es, desde hace décadas, el principal motor de la pérdida de fauna en los bosques tropicales africanos. No es la tala en sí, es lo que viene con ella.

Las concesiones FSC cierran caminos antiguos, prohíben el transporte de carne de monte y materiales de caza, ofrecen fuentes alternativas de proteína a los trabajadores y sus familias, y patrullan con guardas. Los investigadores encontraron más signos de caza en las concesiones no certificadas, lo que respalda esta interpretación, aunque reconocen que contar rastros es una medida imperfecta de la presión real.

También influyen otras medidas: mantener bosques de alto valor de conservación, aplicar técnicas de tala de impacto reducido. Pero la caza parece ser el factor decisivo.

Proteger sin prohibir la economía

El estudio no pide cerrar todos los bosques a la tala. Reconoce que las áreas protegidas son insustituibles y deberían ser la primera prioridad. Pero también constata una realidad incómoda: más de la mitad del área de distribución de chimpancés y gorilas está fuera de parques nacionales, en concesiones madereras. Y muchas áreas protegidas carecen de recursos para controlar la caza furtiva.

Las empresas madereras, en cambio, a menudo tienen medios y un incentivo económico para proteger el bosque. Las concesiones del estudio son grandes, a veces más de 2.000 kilómetros cuadrados, y pueden funcionar como zonas de amortiguación alrededor de parques, reduciendo el efecto borde y manteniendo la conectividad del paisaje.

Los autores lanzan una propuesta concreta: que la certificación FSC, o esquemas equivalentemente estrictos, se conviertan en la norma para la extracción de madera en los trópicos. Y que los compradores, tanto institucionales como individuales, generen demanda suficiente para que merezca la pena certificarse. Incluso sugieren que los bosques certificados puedan acceder a pagos por servicios de biodiversidad, reconociendo económicamente lo que aportan.

Lo que aún no sabemos

El estudio tiene limitaciones que sus autores reconocen sin rodeos. Catorce concesiones son muchas para ecología tropical, pero pocas para estadística. No pudieron controlar la intensidad exacta de tala en cada punto porque los planes de las empresas y la explotación real no siempre coinciden. Las tasas de encuentro mezclan abundancia y actividad: no saben si los animales son más numerosos o simplemente se mueven más.

Tampoco pueden demostrar causalidad. Sería necesario un experimento con medidas específicas aplicadas y controladas, algo casi imposible en este contexto.

Pero incluso con estas cautelas, los patrones son consistentes. En los tres rangos de peso superiores, la diferencia entre certificado y no certificado se mantuvo en todos los pares de concesiones. No es ruido estadístico.

La pregunta que queda

La investigación no dice que la tala sea buena para la biodiversidad. Dice algo más matizado: que la tala mal gestionada es desastrosa, y que la buena gestión puede marcar una diferencia enorme. Los bosques talados no tienen por qué ser cementerios. Pueden ser hábitats funcionales, con elefantes, gorilas y antílopes, si se controla la caza y se planifica con criterios ambientales.

La pelota está ahora en el tejado de los compradores de madera, los gobiernos y las propias empresas. Los datos existen. La pregunta es qué se hace con ellos.


Nature
FSC-certified forest management benefits large mammals compared to non-FSC
DOI: https://doi.org/10.1038/s41586-024-07257-8

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