
El objeto que nos observa. Las sillas son criaturas previsibles. La ergonomía agresiva del diseño contemporáneo busca hacerlas invisibles, que desaparezcan bajo el usuario mientras la mente divaga en otros asuntos. En un estudio del Boulevard Saint-Marcel en París, el artista chileno Alberto Vitelio ha roto esa calma funcional.
Su obra se llama Instructions. Parece un objeto llegado de algún lugar donde los muebles aún no han decidido su naturaleza. No espera pasivamente a un usuario. Posee una pasividad radical, ocupada en sí misma, que desafía cualquier expectativa sobre lo que una silla debe ser.
La utilidad es secundaria al contacto
Vitelio provoca al diseño industrial en su propio terreno. La prioridad de Instructions es el contacto, no la utilidad pura. El diseño convencional persigue la eficiencia; Vitelio propone una relación consciente, deliberada, casi ceremonial con el objeto.
La distinción resulta contraintuitiva en un mundo volcado a lo funcional. Existen piezas cuya razón de ser no es servir, sino ser reconocidas en su propia entidad.
«Sucede simplemente que algunos objetos aceptan ser utilizados y otros prefieren ser visitados», afirma el artista.
El cuerpo como pieza que completa la obra
Vitelio describe su enfoque como una «inversión generosa». La silla no es un soporte estático y autosuficiente. Se plantea como algo incompleto hasta que alguien la toca.
El asiento, un panel suspendido de cuero curtido al natural, carece de forma definitiva cuando está vacío. Se curva de manera ambigua, situándose entre una superficie plana y un cuenco. La tensión generada por el peso y la interacción humana otorga a la silla su integridad final. No es la silla la que sostiene al cuerpo, sino el cuerpo el que ayuda a la silla a encontrar su forma.
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La vida secreta de la madera recuperada
Vitelio trabaja con madera de Doussié recuperada de edificios demolidos. El proceso implica «escuchar» al material en lugar de imponerle un plano previo. La pieza no nace de la adición de partes, sino de la sustracción: un proceso escultórico donde la forma surge al eliminar lo que sobra. En la intimidad del estudio, una maqueta casi negra y una armadura de madera desnuda preceden al objeto final.
La madera presenta un tono «rojo buey» que roza el caoba bajo ciertas luces. Vitelio ha llevado la superficie a un pulido alto que resalta la veta, pero la ejecución revela la «sangre» del oficio: bajo el acabado, aún se perciben con claridad las marcas de la gubia y el raspador. Ese contraste entre la sofisticación del acabado y la honestidad de la técnica manual constituye el alma de la obra.
Una anatomía de «animal inmóvil»
Instructions trasciende la categoría de mueble para adoptar una cualidad orgánica, casi biológica. Sus tres patas no descansan simplemente sobre el suelo, parecen «tantearlo». Se ensanchan desde uniones delgadas como tobillos hasta convertirse en pies abultados, similares a mazas, que flotan con pesadez animal sobre la superficie.
Vitelio opera más como escultor que como diseñador. La columna central adopta formas sugerentes según la perspectiva: una rama que emerge del asiento, una aguja que busca la verticalidad absoluta, una persona que tras un largo periodo de introspección recuerda levantar la cabeza.
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Tensión pura sin metales
La integridad técnica de Instructions testimonia una negociación constante entre materiales. Vitelio rechaza los sujetadores metálicos convencionales. El cuero se fija al marco de Doussié mediante tapones de madera circulares y correas cosidas a mano que mantienen la estructura mediante la tensión pura entre dos materiales orgánicos.
Las imágenes del proceso capturan la intimidad del acto: unas manos tatuadas tirando del panel de cuero para comprobar su resistencia, una figura borrosa vestida de blanco moviéndose alrededor de la pieza en una coreografía lenta. Como toque final, el artista firma la columna central en oro cursivo, una marca personal que sella el vínculo entre el creador y su «animal inmóvil».
Un nuevo lenguaje entre humanos y objetos
Instructions se niega a ser encasillada. No es diseño funcional en el sentido estricto, ni escultura estática para ser vista a distancia. Habita un espacio intermedio, invitando a una interacción que va más allá del simple uso.
Ante una pieza así, cabe preguntarse si estamos listos para dejar de usar nuestros objetos cotidianos y empezar, finalmente, a habitarlos o visitarlos con la cortesía que su presencia exige. Es un objeto que ha encontrado su lugar y nos observa en silencio. Solo queda decidir si somos dignos de su quietud.
La madera










