Los ciclos del agua y de la energía del bosque impulsada están mal integradas en la toma de decisiones regional, nacional, continental y global sobre la adaptación al cambio climático, la mitigación, el uso del suelo y el agua.
Hay algún país, de los considerados como avanzados, en el que el presente de la gestión del agua se ha convertido exclusivamente en un avispero espasmódico, que se aloja en un hábitat en el que el líquido elemento no es más que un arma arrojadiza para arrancar un puñado de votos de determinados territorios más o menos favorecidos o agraviados, aunque siempre enormemente mediatizados por creencias y valores inamovibles, generando como consecuencia que no se avance ni un ápice hacia el futuro y se gire en una noria que nunca para, aunque a veces alcance mayores o menores velocidades de giro. Y esta enorme velocidad de giro que produce un nulo avance hacia el progreso solidario, genera una también enorme desconfianza de los que pagan y usan hacia los que gestionan y planifican.