Un caseta de piscina que flota en el jardín

En el norte de los Países Bajos, específicamente en Groningen, la naturaleza y la arquitectura han encontrado un punto de encuentro perfecto. Nos referimos a un singular proyecto de caseta de piscina que no solo resolvió un complejo desafío topográfico, sino que redefinió por completo la relación entre una villa y su entorno verde.

El principal reto al que se enfrentaron los arquitectos fue salvar una diferencia de altura de tres metros entre la terraza de la villa y el jardín inferior. Lejos de convertirse en un problema, este desnivel se transformó en la oportunidad perfecta para diseñar un pabellón que actúa como puente visual y funcional. La solución fue estratégica: construir una estructura de madera que, en lugar de competir con el paisaje, se integrara en él, respetando los árboles emblemáticos que ya poblaban el terreno.

Una estructura de madera laminada que flota en el paisaje

El resultado es un diseño de una elegancia depurada. La construcción consiste en una escultural cubierta de madera laminada que descansa sobre dos volúmenes cerrados. Estos bloques albergan las áreas de servicio y almacenaje, pero lo realmente mágico ocurre en el espacio que queda entre ellos.

Aquí se genera un espacio íntimo y protegido, delimitado por dos amplias puertas correderas. Cuando estas se abren por completo, la línea divisoria entre el interior del pabellón y el exterior del jardín se desvanece. Este efecto de continuidad se ve reforzado por la repetición de la estructura de madera del techo, que se extiende visualmente desde el interior hacia el exterior sin interrupción, convirtiendo el pabellón en una terraza cubierta más del jardín.

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Innovación técnica en madera

Más allá de la estética, el proyecto es una lección de ingeniería en madera. La estructura principal de soporte se compone de seis columnas de madera laminada que sostienen vigas en la parte superior. Este sistema permite lograr grandes luces y voladizos sin necesidad de soportes intermedios que obstruyan la vista.

Un detalle fascinante es cómo las columnas se integran de manera invisible dentro de los muros de entramado de madera. Esto no solo proporciona una estabilidad extraordinaria a todo el conjunto, sino que también contribuye a crear una envolvente térmica eficiente y aislante. Los detalles estructurales quedan completamente ocultos, ofreciendo una percepción de limpieza y sencillez que contrasta con la complejidad técnica subyacente.

Un techo vivo

La cubierta, además de ser el elemento estético dominante, es un manifiesto ecológico. Compuesta por una capa de vidrio que permite el paso de la luz, una retícula de vigas de madera y una cubierta vegetal de sedum, el techo devuelve al terreno parte del espacio natural que ocupó.

Esta cubierta verde no solo mejora el aislamiento térmico y la gestión del agua de lluvia, sino que se convierte en un pequeño hábitat para la biodiversidad local, ofreciendo refugio a abejas, mariposas y otros insectos. Es un recordatorio de que la arquitectura en madera, bien planificada, puede ser un vehículo para regenerar el entorno.

Este kiosco de piscina en Groningen es mucho más que una caseta de piscina. Es un mirador, un espacio de descanso y un ejemplo inspirador de cómo la madera puede mediar entre la intervención humana y la naturaleza, permitiendo a los residentes disfrutar plenamente del espacio exterior sin renunciar al confort del diseño moderno.

Fuente: Vector-i

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