El paisaje forestal de Galicia ha experimentado una transformación sustancial en las últimas décadas. La superficie ocupada por especies autóctonas como roble (Quercus robur) y castaño (Castanea sativa) se ha reducido progresivamente frente a la expansión de plantaciones de eucalipto, fundamentalmente Eucalyptus globulus y Eucalyptus nitens. Estas especies exóticas ya representan aproximadamente el 30% de la masa forestal gallega. Desde una perspectiva técnica, cabe formular la siguiente cuestión: ¿constituyen estas plantaciones un hábitat funcional para la fauna silvestre o, por el contrario, generan un sistema ecológicamente empobrecido bajo una apariencia de cubierta vegetal?
Un estudio reciente desarrollado en el Parque Natural Fragas do Eume, reconocido como uno de los reductos más relevantes de bosque atlántico costero en Europa, ha empleado las comunidades de aves como bioindicadores del estado ecosistémico. Los resultados obtenidos cuestionan la capacidad de las plantaciones de eucalipto para sustituir las funciones biológicas del bosque nativo.
Reducción cuantitativa de las poblaciones de aves
Los datos del estudio muestran una realidad estadística inequívoca. Tanto la riqueza como la abundancia de aves resultan significativamente inferiores en las plantaciones de eucalipto en comparación con las masas autóctonas. Del análisis de diecinueve especies características del paisaje gallego, quince presentaron efectivos poblacionales drásticamente reducidos en los rodales de eucalipto.
Esta disminución no constituye únicamente una variación numérica. Representa una alteración de procesos ecosistémicos fundamentales, entre los que se incluyen el control biológico de insectos y la dispersión de semillas. Según la hipótesis del muestreo pasivo, la persistencia de las aves en hábitats transformados depende de su abundancia original y de su tolerancia al cambio. En consecuencia, las plantaciones quedan ocupadas exclusivamente por especies generalistas, mientras que las especialistas desaparecen del área.

Limitaciones estructurales y ausencia de cavidades
La supervivencia de numerosas especies aviares depende de la disponibilidad de cavidades naturales en los árboles. En masas forestales maduras, los procesos de descomposición fúngica, las inclemencias meteorológicas y la actividad de los páridos y piciformes generan oquedades en los troncos que sirven como refugio y lugar de nidificación. Sin embargo, en las plantaciones gallegas de eucalipto, el manejo forestal impone un turno de corta de quince a dieciocho años.
Este ciclo de rotación impide que los árboles desarrollen las dimensiones y características necesarias para la formación de cavidades. La gestión intensiva elimina la complejidad estructural propia de los bosques maduros y, con ella, los lugares de nidificación disponibles. El gremio de aves cavitícolas resulta directamente expulsado, al no encontrar en troncos de eucalipto jóvenes y de corteza lisa el sustrato adecuado para la cría.
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Incapacidad del eucalipto como proveedor de recursos tróficos
Fuera de su área de distribución natural en Australia, el eucalipto se comporta como un hospedador poco favorable para la artropodofauna asociada al bosque. Las aves insectívoras se enfrentan a una disponibilidad alimentaria reducida, situación especialmente crítica durante el periodo reproductor. Diversos factores explican esta limitación:
Las hojas de eucalipto presentan altas concentraciones de compuestos secundarios con efectos tóxicos o repelentes para los insectos autóctonos. La corteza, de textura lisa, ofrece menos refugios para invertebrados en comparación con las cortezas rugosas de robles y castaños. La ausencia de líquenes y epífitos sobre los troncos reduce adicionalmente la diversidad de presas potenciales. Las copas más abiertas generan un microclima con menor humedad relativa y mayor exposición lumínica, condiciones que inhiben el desarrollo de numerosas comunidades de insectos propios del bosque atlántico.
Incluso la presencia ocasional de plagas como el gorgojo del eucalipto (Gonipterus platensis) no compensa esta escasez. Aunque localmente abundante, sus larvas presentan baja palatabilidad para las aves nativas, y la morfología de las hojas de eucalipto limita las estrategias de forrajeo y captura de los paseriformes insectívoros.
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Relación entre densidad de matorral y biodiversidad
Los resultados del estudio revelan un hallazgo contra-intuitivo desde una perspectiva de manejo. Las plantaciones de eucalipto albergan, como término medio, el cuádruple de biomasa de matorral en comparación con las masas de frondosas autóctonas. No obstante, este incremento de la densidad de la vegetación no se traduce en una mayor diversidad de aves.
La explicación reside en que la densidad estructural no equivale a calidad ecológica. La composición florística de ese sotobosque resulta escasamente diversa, y los aceites esenciales liberados por la hojarasca de eucalipto ejercen efectos adversos sobre los invertebrados edáficos. Como se señala en el informe técnico, la composición florística de las plantaciones de eucalipto socava sus propios atributos estructurales, incluso cuando estos alcanzan cierta complejidad.
Insuficiencia de los eucaliptos de edad avanzada
Cabe examinar una hipótesis frecuente en el debate técnico: la posibilidad de que eucaliptos mantenidos en crecimiento durante períodos prolongados pudieran funcionar como sustitutos funcionales de los robles. La evidencia disponible refuta esta idea. Incluso ejemplares de eucalipto de gran porte y edad avanzada no logran sostener a los especialistas forestales más exigentes.
Especies como el trepador azul (Sitta europaea) y el agateador común (Certhia brachydactyla) presentan poblaciones al borde del colapso en las plantaciones de eucalipto. Sus requerimientos específicos de forrajeo sobre cortezas rugosas y su dependencia de insectos asociados a especies autóctonas no son satisfechos por los eucaliptos maduros, cuyas características estructurales y bioquímicas difieren fundamentalmente de las de los caducifolios atlánticos.
Medidas de gestión: las franjas de retención
Como propuesta de mitigación, los especialistas recomiendan la implementación de franjas de retención de vegetación autóctona sin manejo activo. Estas áreas deben evolucionar libremente para recuperar la heterogeneidad estructural perdida. Dichas franjas actúan como conectores ecológicos en paisajes fragmentados por monocultivos, contrarrestando el efecto negativo de la matriz circundante.
Los beneficios técnicos de esta medida incluyen un incremento de la biodiversidad mediante la provisión de refugio, madera muerta y recursos tróficos para especies que no sobreviven en monocultivo puro. Adicionalmente, al albergar comunidades estables de aves y quirópteros, se potencia el control biológico de insectos fitófagos, lo que repercute positivamente en la sanidad de la propia plantación. Finalmente, se fomenta la regeneración natural y se restablece la conectividad funcional del paisaje.
Conclusiones técnicas
Los resultados obtenidos en el entorno de las Fragas do Eume evidencian que no debe confundirse la biomasa arbórea con la funcionalidad ecológica. El eucalipto, bajo el régimen de gestión forestal actualmente aplicado, actúa como un factor de simplificación biológica. El equilibrio entre la productividad forestal y la conservación de la biodiversidad exige una transición hacia modelos de gestión más heterogéneos, que integren la conectividad de los hábitats como variable de diseño.
La restauración de la funcionalidad de los ecosistemas forestales gallegos constituye una responsabilidad técnica y legal compartida. La cuestión de fondo para la planificación forestal es si se integrarán criterios de biodiversidad real en el modelo productivo o si se permitirá que las masas arboladas se conviertan en fachadas de un desierto verde funcionalmente estéril.
Lea el estudio de la Universidad de Santiago de Compostela y el CSIC, publicado en la revista Forest Ecology and Management










