
El estudio KANVA ha presentado el concepto de diseño para el nuevo museo del Parque Marie-Victorin, en Kingsey Falls (Quebec). El proyecto parte de una premisa poco habitual: convertir una colección privada de más de 40.000 objetos de hierro fundido en un legado público dedicado a la cultura material y la artesanía regional. Lejos de erigirse como un icono monumental, la propuesta apuesta por la discreción, el enterramiento parcial y un diálogo cuidadoso con el entorno botánico que la acoge.
Habitar el terreno en lugar de dominarlo
La decisión más relevante del proyecto es topográfica. KANVA plantea dos pabellones de volúmenes bajos, parcialmente enterrados y con las esquinas redondeadas, que aprovechan la tierra como material de construcción y como definición formal. El revestimiento de madera ennegrecida establece un vínculo directo con las antiguas fraguas y, al mismo tiempo, con la paleta cromática del parque. El gesto evita cualquier tentación escultórica y prefiere mimetizarse con el paisaje agrícola.
Un grupo de coníferas maduras en el centro del recinto actúa como charnela natural: los dos volúmenes se organizan en torno a los árboles y enmarcan las vistas del fondo. Los senderos exteriores, accesibles y serpenteantes, conectan los nuevos pabellones con el granero reconstruido que conserva parte de la colección. La entrada se produce a través de una zanja central de pendiente suave, un recorrido al aire libre que convierte el acceso en una experiencia pausada de descubrimiento.
Para apreciar: El pabellón de estructura de madera con revestimiento de abeto oscuro evoca los antiguos campamentos madereros
Madera vista, luz controlada y una misión inclusiva
En el plano constructivo, el edificio combina hormigón en las áreas de servicio con madera maciza vista —vigas laminadas encoladas y paneles CLT— en los espacios públicos. La prefabricación fuera de obra reduce las molestias dentro del parque y garantiza precisión en los ensamblajes, mientras que la madera aporta una calidez matérica difícil de sustituir en las galerías. La envolvente limita las superficies acristaladas y concentra las aberturas en ventanas altas, que difunden una luz suave y controlada, coherente con las exigencias de conservación de los artefactos.
El comportamiento bioclimático se apoya en principios elementales antes que en tecnología añadida: el enterramiento parcial permite aprovechar la inercia térmica del terreno para estabilizar el clima interior y aligerar las cargas mecánicas. La planta superior incorpora una sala multiusos con vistas a las galerías y acceso directo a una cubierta verde, manteniendo la conexión visual entre el personal y el público.
La dimensión social del museo resulta igualmente significativa. Al centrarse en objetos cotidianos, rurales e industriales, la institución desplaza la atención desde los artefactos de élite hacia el ingenio diario de las comunidades de Quebec. Los espacios versátiles y los recorridos exteriores escalonados facilitan la participación de grupos escolares, talleres y eventos comunitarios, y hacen visible el trabajo de colección, clasificación y conservación.
«Su arquitectura y museología son inseparables, y juntas narran una historia de materiales, trabajo y territorio», resume Rami Bebawi, socio de KANVA. El resultado es un modelo sencillo, inclusivo y riguroso, donde la madera y el hierro fundido cuentan una misma historia.
Fotografías: Raphaël Thibodeau
Fuente: KANVA










