Descarbonización de la arquitectura mediante la innovación profesional y la construcción en madera.

Esta artículo escrito para CECOBOIS por Amandine Cadro, analista de neutralidad de carbono para edificios nuevos y existentes, Studio Carbon junto a Emmanuel Combarel Dominique Marrec arquitectos y Hugo Gagnon NEUF Arquitectos analiza estrategias integrales para reducir la huella de carbono en la arquitectura contemporánea mediante los testimonios de profesionales del sector. Emmanuel Combarel propone optimizar estructuras con materiales biosurcéuticos (biomateriales), priorizar la rehabilitación frente a la demolición y fomentar el reempleo de componentes existentes. Por otro lado, Hugo Gagnon destaca el potencial del madera maciza para disminuir el carbono intrínseco, citando el proyecto ANDAS como un modelo de eficiencia técnica y bienestar. Ambos expertos coinciden en que la sostenibilidad requiere una visión global que integre soluciones de baja tecnología, adaptabilidad al terreno y un cambio cultural profundo. La publicación subraya que la descarbonización no es solo una elección de materiales, sino una transformación completa en la forma de diseñar y habitar los espacios urbanos.

Por qué el 40% de la huella de carbono es invisible

El mito de la solución única

Existe una creencia extendida en el sector de que descarbonizar la arquitectura es una tarea lineal: basta con plantar algunos árboles o sustituir el hormigón por madera para cumplir con los objetivos ambientales. Sin embargo, la realidad técnica es mucho más compleja y no admite atajos ideológicos. La sostenibilidad no es una simple suma de materiales «verdes», sino un cambio profundo en la cultura del diseño que exige mirar el edificio como un ecosistema integrado y contextualizado.

Como plantean los expertos Emmanuel Combarel y Hugo Gagnon, la verdadera arquitectura baja en carbono no nace de soluciones genéricas o «estrategias universales». Por el contrario, requiere una lógica de adaptación y singularidad. No se trata solo de qué material elegimos, sino de cómo repensamos la relación entre el suelo, la eficiencia de los sistemas y los hábitos de quienes habitarán esos espacios.

Por qué los sistemas importan tanto como la estructura

A medida que los estrategas de la sostenibilidad logramos optimizar la huella de carbono intrínseco de la estructura y la envolvente térmica, surge una paradoja técnica: el peso relativo del impacto ambiental se traslada a lo que no se ve. Los sistemas electromecánicos (MEP) —calefacción, ventilación y electricidad— están ganando un protagonismo crítico en la contabilidad ecológica del edificio.

En proyectos de alta eficiencia, estos sistemas pueden representar hasta el 40% del carbono intrínseco total. Ante este reto, el enfoque «low-tech» es un punto de partida esencial, pero la experiencia demuestra que tiene límites claros para garantizar los estándares de confort modernos. Una alternativa innovadora que está ganando tracción es la descentralización: el uso de micro-bombas de calor instaladas directamente en la fachada. Esta solución no solo elimina las redes de tuberías y conductos centralizados altamente intensivos en carbono, sino que genera un efecto dominó de ahorro: al reducir los requerimientos de espacio bajo techo, se limitan las alturas entre plantas. Menos altura total significa menos superficie de fachada, menos volumen en los núcleos de escaleras y, en última instancia, una reducción masiva de material en todo el edificio.

Lea: El verdadero desafío en la descarbonización reside en la «huella material» del ciclo de vida.

La topografía como herramienta de descarbonización

Para reducir drásticamente el uso de hormigón, la decisión más inteligente comienza en la huella de cimentación. Emmanuel Combarel defiende que la relación con el terreno debe ser de respeto y adaptación, no de dominio mediante la ingeniería pesada. Evitar a toda costa los estacionamientos subterráneos es, quizás, la decisión de diseño con mayor impacto inmediato en la reducción de emisiones.

En el proyecto «Le Wood» en Grenoble, se optó por trabajar con la pendiente natural de la parcela. Al situar los estacionamientos en el nivel del jardín y aprovechar la topografía existente, se eliminaron excavaciones masivas y el uso intensivo de infraestructuras enterradas de hormigón. Como bien señala la premisa de diseño de Combarel:

«Limitar el impacto de carbono también significa reducir al mínimo estricto los movimientos de tierra y las infraestructuras».

La arquitectura del «no hacer» es el primer paso de la economía circular

En la economía circular aplicada a la construcción, la intervención más radical es la que no sucede. «El primer reempleo es evitar la demolición», una máxima que redefine el papel del estratega como un gestor del patrimonio existente. No obstante, este enfoque requiere honestidad técnica: en una reciente transformación de oficinas en viviendas, el equipo conservó la estructura, ascensores y núcleos, pero descartó reutilizar la fachada original debido a deficiencias térmicas y problemas de mantenimiento. Esta capacidad de discernir qué componente es apto para una segunda vida es lo que separa el marketing de la verdadera ingeniería de recursos.

El reempleo también escala a los componentes interiores: parqués deportivos recuperados, grifería rescatada, rieles de tabiques para falsos techos o mosaicos de espejos rotos. El objetivo no es ocultar el origen de estos recursos, sino convertirlos en una firma arquitectónica que narre la historia de los materiales y asuma la hétérogeneidad de los suministros recuperados.

De interés: Determinación del desempeño de los bosques y el uso de la madera en materia de protección climática

Diseñar para el movimiento cuando el edificio promueve mejores hábitos

Un edificio solo es verdaderamente bajo en carbono si su uso diario también lo es. La descarbonización operativa depende directamente de cómo el diseño moldea el comportamiento humano. La arquitectura tiene el poder de fomentar la sobriedad energética sin imponer normas restrictivas.

Un ejemplo clave es la promoción de los desplazamientos activos. Al diseñar escaleras abiertas, atractivas y bañadas por luz natural, el edificio comunica una invitación sutil pero potente para que el usuario las prefiera sobre el ascensor. Aquí, la descarbonización trasciende la métrica constructiva para convertirse en una cuestión de diseño social y salud pública.

Lea: La historia del carbono en la estructura de madera

El caso ANDAS y los datos contra ideología

Para que la construcción sostenible sea escalable, debemos sustituir las opiniones por datos verificables. El proyecto ANDAS, un edificio multirresidencial de seis plantas, es un modelo de «investigación-acción» liderado por Hugo Gagnon y respaldado por subvenciones del gobierno federal. Este marco institucional permitió probar soluciones que hoy sirven de hoja de ruta para la industria.

Con una reducción del 43% del carbono intrínseco en comparación con una estructura tradicional de hormigón, ANDAS destaca por hitos técnicos específicos:

  • Balcones de CLT prefabricados con rotura térmica integrada en el anclaje.
  • Suelos acústicos de capa seca, una solución que permite dejar expuesto el techo estructural de madera (CLT), eliminando la necesidad de falsos techos y reduciendo el uso de materiales adicionales.
  • Valor Biofílico: Más allá del carbono, el uso de madera generó una «alegría de vivir» palpable incluso durante la fase de obra, mejorando el bienestar de los trabajadores y, posteriormente, de los residentes.

Este tipo de proyectos, fundamentados en cifras sólidas, son los únicos capaces de convencer a desarrolladores y administraciones, elevando el debate más allá de las diferencias entre «escuelas de pensamiento».

Construcción de ANDAS

Hacia una nueva cultura de la construcción

La descarbonización efectiva no se logra con una única solución mágica, sino mediante una coreografía precisa de materiales adecuados («el material correcto en el lugar correcto»), adaptación radical al sitio y una visión urbana a largo plazo. No basta con cambiar el acero por la madera; debemos cambiar nuestra cultura sobre la permanencia y el confort.

Como profesionales, estamos ante una transformación que nos obliga a plantearnos una pregunta incómoda: ¿Estamos preparados para priorizar la resiliencia técnica y la lógica del lugar por encima de la estética convencional y los procesos constructivos heredados? El futuro de la habitabilidad urbana depende de nuestra capacidad para decir que sí.

Consulta el artículo original: Descarbonización con profesionales

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