Foto: Bosque de eucaliptos en Tanjil Bren
¿Cuál es la mejor manera de gestionar un bosque? Bajo el dosel de los fresnos de montaña en Victoria, Australia, el silencio es profundo, interrumpido solo por el crujido de los helechos arbóreos bajo los pies. En este rincón de Tanjil Bren, la maleza ha devorado los antiguos caminos de acceso y las señales del proyecto, antes orgullosas, yacen ahora pudriéndose en el suelo húmedo del bosque, cubiertas de musgo. Es el escenario de una «cápsula del tiempo» científica: el Proyecto de Sistemas Silvícolas (SSP). Durante treinta años, este experimento permaneció olvidado, mientras el mundo exterior se enredaba en una dicotomía agotadora entre la protección absoluta y la explotación comercial. Sin embargo, al redescubrirlo, nos hemos topado con una realidad mucho más fascinante que desafía nuestras ideas preconcebidas sobre la gestión forestal.
El valor insustituible de la «ciencia lenta»
A finales de la década de 1980, el gobierno de Victoria realizó una apuesta audaz: invirtió el equivalente actual a 26 millones de dólares australianos para explorar alternativas a la tala rasa tradicional. El objetivo era ambicioso, pero el interés institucional se evaporó con el cambio de milenio. Mientras los científicos perdían la financiación, la naturaleza seguía su curso.
Hoy, ese abandono se ha convertido en un tesoro. La «ciencia lenta» es un lujo raro en un mundo de resultados inmediatos; un estudio de tres años es solo una fotografía borrosa, pero tres décadas nos ofrecen una película completa del desarrollo ecosistémico. Al regresar a Tanjil Bren, descubrimos que los datos que un día fueron ignorados ahora son la clave para entender cómo los bosques responden realmente a la intervención humana a largo plazo. No se trata solo de árboles; se trata de validar hipótesis que solo el tiempo, y no los modelos matemáticos, puede confirmar.
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El mito del crecimiento lento y la paradoja de la retención
Uno de los hallazgos más asombrosos del estudio radica en el desarrollo de los fresnos de montaña (Eucalyptus regnans). Existe la creencia común de que cualquier intervención degrada la majestuosidad de un bosque, pero los datos cuentan una historia de vigor inesperado. En las parcelas de retención dispersa (donde se conservó una parte del sobrepiso original en lugar de realizar una tala rasa), los resultados fueron contundentes:
- Gigantes acelerados: Los árboles que quedaron tras el aclareo alcanzaron diámetros de más de 1.5 metros en apenas 80 años de vida.
- Crecimiento superior: Estos ejemplares crecieron, en promedio, un 20% más en diámetro que los de las áreas de control sin intervención.
- Estatura imponente: El dosel, que medía unos 50 metros al inicio del experimento, alcanza hoy alturas de entre 70 y 75 metros.
«La entresaca había proporcionado a estos árboles más espacio y recursos para crecer, y habían respondido de manera espectacular.»
Al reducir la competencia por la luz y los nutrientes, la gestión activa no degradó el bosque, sino que aceleró la creación de ejemplares monumentales que, en condiciones de competencia natural, habrían tardado décadas adicionales en desarrollarse.

Recuperación del carbono total en tiempo récord
En el debate sobre la crisis climática, suele argumentarse que la gestión forestal es una pérdida neta para el planeta. Tanjil Bren desmiente esta noción de forma categórica en el contexto de los sistemas de retención. Los resultados indican que, en solo 30 años, los bosques sometidos a una gestión de retención intensa no solo recuperaron todo el carbono extraído durante la cosecha, sino que almacenaron tanto o más carbono en su madera que los bosques no intervenidos.
Este hallazgo sugiere que los bosques gestionados pueden regresar a sus niveles de almacenamiento de carbono previos a la perturbación en apenas unas décadas. Es más, si esa madera se utiliza para productos de larga duración, la gestión forestal activa podría ofrecer un resultado de carbono «neto positivo», convirtiéndose en una herramienta aliada, y no enemiga, de la mitigación climática.
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El «enigma de la conservación» y el refugio para la fauna
El estudio arrojó luz sobre una encrucijada ecológica que afecta al falangero de Leadbeater (Leadbeater’s possum), un marsupial en peligro crítico. Esta especie depende de dos elementos que rara vez coexisten en bosques viejos y densos: un sotobosque de zarzas (Acacia) para alimentarse y moverse, y árboles grandes con huecos (hollows) para refugiarse.
Aquí reside la paradoja: en los sitios de control (sin intervención), la probabilidad de encontrar zarzas después de 80 años es prácticamente cero. Esto se debe a la exclusión competitiva: los fresnos de montaña crecen tan alto y cierran tanto el dosel que privan de luz a las zarzas, matándolas. Por el contrario, la intervención silvícola en Tanjil Bren rompió esa homogeneidad:
- El aclareo estimuló la germinación de las zarzas al permitir la entrada de luz.
- La retención de árboles grandes aceleró la formación de huecos necesarios para el refugio.
El resultado fue tajante: las cámaras trampa detectaron falangeros en todos los tipos de parcelas gestionadas, pero en ninguna de las áreas no explotadas. El «no hacer nada» era, para este marsupial, una sentencia de hambre y aislamiento.
Hacia una gestión del paisaje más allá de la falsa dicotomía
Tanjil Bren nos enseña que la silvicultura no es una «solución mágica», sino un espectro de herramientas. Incluso los datos sobre el uso del agua muestran que las diferencias en el rendimiento hídrico entre los tratamientos fueron pequeñas y transitorias, lo que disipa los temores sobre impactos catastróficos en las cuencas.
La verdadera lección es el fin de la dicotomía entre producción y conservación. Es técnicamente posible obtener madera, mantener reservas de carbono y conservar la biodiversidad de forma simultánea. Este experimento es una hoja de ruta para restaurar bosques degradados por incendios de alta intensidad o por las talas rasas del pasado, devolviéndoles la heterogeneidad que la naturaleza misma genera a través de sus propias perturbaciones.
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Una nueva mirada hacia el futuro verde
Las lecciones de Tanjil Bren nos invitan a una reflexión profunda sobre nuestra responsabilidad como especie. Hemos descubierto que la gestión activa, basada en la retención y la ciencia, puede acelerar la salud ecosistémica y crear resiliencia ante un clima cambiante.
En un mundo que se calienta y donde las perturbaciones son cada vez más extremas, ¿deberíamos limitarnos a ser protectores pasivos que observan cómo el bosque se vuelve homogéneo y frágil, o debemos convertirnos en gestores activos que utilicen la ciencia para guiar la recuperación de la naturaleza? El experimento olvidado de Tanjil Bren nos sugiere que, a veces, para salvar el bosque, debemos ser parte de su transformación.
Autores:
Kaitlyn Hammond
Investigador postdoctoral, Universidad del Norte de Columbia Británica
Craig Nitschke
Profesor de Dinámica Forestal y del Paisaje, Universidad de Melbourne
Patrick Baker
Director del Centro AFWI para la Silvicultura Climáticamente Inteligente y Profesor de Silvicultura y Ecología Forestal de la Universidad de Melbourne.
Rafael Trouve
Investigador principal en dinámica forestal y modelado estadístico, Universidad de Melbourne
Fuente: The Conversation
Referencia: Hammond, KL, Nitschke, CR, Trouvé, R.
et al. Sistemas silvícolas alternativos que mantienen múltiples valores en bosques de eucaliptos altos.
For. Sci. (2026). https://doi.org/10.1007/s44391-026-00076-6










